La creación como desafío colectivo

Los docentes Alberto Ford y Gisela Signorelli de nuestra Facultad, conversaron con Página 12, Rosario acerca del proyecto de investigación “Democracia Participativa y creatividad política”. La tensión entre el sesgo burocrático y la dimensión lúdica de lo político es uno de los puntos de la indagación. A continuación la nota completa.

¿Pueden asociarse política y creatividad? Esas dos palabras parecen antagónicas: una, vinculada a los procedimientos, las reglas, el deber ser. La otra, al juego, la felicidad de inventar algo nuevo.

Alberto Ford, Martín Carné, Juliana Carpinetti, Gisela Signorelli, Catalina Bressán y Daniel Schugurensky integran el equipo del trabajo que se desarrolla dentro de nuestra Facultad, denominado”Democracia participativa y creatividad política”, para encontrar el nexo entre estos conceptos.

Cuando pensamos la relación de creatividad y política tenemos que pensar en una dimensión lúdica, y esto es algo que choca contra un rasgo central de la política instituida, como es la regulación burocrática. Entonces podemos decir que la relación de la creatividad y la política tienen una tensión con lo burocrático. Estas relaciones nos ayudan a entender por qué en espacios de democracia participativa aparecen pocas cosas creativas. Una de las posibles respuestas es que está todavía muy presente lo burocrático, que termina limitando la creatividad”, expresó el politólogo Ford. “Nos importa pensar la creatividad en lo colectivo”, apuntó Signorelli.

El proyecto busca poner en claro la vinculación que hay entre ambos términos. “El interés de iniciar este proyecto surge de investigaciones anteriores que tenían como eje a la democracia participativa. De esos estudios llegamos a la idea que en estos ambientes pasaban muchas cosas buenas en términos de inclusión, pero nos llamó la atención que no había tantas ideas creativas que surgieran de ahí. Entonces nos planteamos cómo puede ser que, en un espacio donde todos tienen la palabra y están interesados en los temas que se están dialogando, no aparecieran ideas originales. Este fue el principio”, dijo Ford.

A partir de esta premisa, el equipo de investigación comenzó a reunir material para conocer qué pensaban algunos autores sobre la creatividad. “Leímos a escritores como Umberto Eco, filósofos como Castoriadis, neurobiólogos como Facundo Manes. Nos empezamos a dar cuenta de que la creatividad puede ser entendida de diferentes maneras”, afirmó Signorelli.

“A partir de ahí, comenzamos a descomponer lo que es creatividad como capacidad de generar algo nuevo, entendida en tres grandes dimensiones: subjetiva, objetiva, y sistémica. La subjetiva tiene que ver con el sujeto que crea: ¿Quién es? ¿Un individuo o un grupo? ¿Crea racionalmente o inconcientemente? ¿Crea con una finalidad? La segunda dimensión tiene que ver con el objeto creado. Y la última es la sistémica, que define en qué contexto es llevada a cabo la creatividad. ¿Importa la sociedad en esto o no? Ahí encontramos pensamientos cruzados con respecto a los autores que leíamos?”, explicó Ford.

En los primeros avances de la investigación se llegó a la conclusión que se pueden diferenciar dos formas de creatividad: entendida como creación radical o como innovación. “Esta última es más propia del campo de la ciencia, tiene una función más cooperativa y finalista, además de ser muy dependiente del contexto. La creación radical es completamente distinta, ya que toma el origen de algo nuevo, no es instrumental, no se mueve en la relación prueba y error. Estas dos son concepciones muy extremas, porque en la realidad después se van mezclando”, puntualiza el investigador.

Respecto al concepto de política, hay muchas versiones, pero en todas coinciden elementos en común. “Claro que hay personas que lo ven más vinculado a lo institucional, público y estatal, mientras que otras con lo que se desarrolla en la base social como un término más instituyente. En todas está la idea de que la política tiene que ver con el poder, con el conflicto, con la distribución de bienes comunes. O sea la base es siempre la misma: ese carácter público, constructivo, y donde lo simbólico dialogal tiene un lugar importante”, sostuvo Ford.

“Cuando uno piensa en la creatividad a veces se la vincula directamente con el arte. A priori parece que nada tiene esto que ver con lo político. Entonces pensamos cómo vincular estas dos cuestiones, y qué efecto podía tener lo creativo en lo público. O sea ver qué impacto tiene en políticas concretas, y en nuestro caso, lo centramos en la política participativa, ya que la vemos como un espacio específico para la creación e innovación. Esto conlleva también a comparar ideas con autores que piensan que la creatividad es un don innato. Discutir ese aspecto y pensar que la creatividad puede ser una capacidad, que surge a partir del trabajo tanto individual como colectivo. Es ahí la vinculación con lo político, porque nos importa pensar a la creatividad en lo colectivo”, describió Signorelli.

El tiempo estimado para la finalización del proyecto es a fines del año que viene, con la publicación de un libro que reúna este desarrollo teórico, con el análisis de algunas experiencias reales y entrevistas a algunos actores creativos que surjan de diferentes ramas. “Acabamos de realizar una ponencia en el Congreso sobre democracia en el que participaron personas de distintas áreas. Cada uno hablando de la relación de la creatividad y la política en su ámbito. Se dijeron cosas que nos terminaron pareciendo enriquecedoras para este trabajo. Por un lado, apareció muy presente, en muchas de las experiencias de los participantes, la vinculación de la creatividad con el juego, o sea con lo lúdico. Cuando pensamos la relación de creatividad y política tenemos que pensar en una dimensión lúdica, y esto es algo que choca contra un rasgo central de la política instituida, como es la regulación burocrática”, apuntó Ford.

“Otro rasgo que apareció es la cuestión de la memoria y el recuerdo. Algunos de los participantes remarcaron el hecho que creaban recordando: volviendo a traer olores, recuerdo de la infancia y emociones. Aparece lo emotivo en este punto, que parece no tener mucho que ver con la política instituida, que trabaja desde lo razonal y lineal. Acá aparece otro punto de tensión importante. También se resaltó la creación desde el humor, que termina generando otro posible punto. Asimismo notamos que la noción de ruptura y de cambio se resaltaba en todas las experiencias. O sea, creamos, estamos generando algo novedoso que no tiene que ver con lo ya establecido y genera miedo porque el cambio lleva a nuevos horizontes. Esta cuestión también se termina convirtiendo en un punto de tensión”, aportó Signorelli.

“Es así que rápidamente encontramos algunas de las tensiones que hay que superar para que la relación de las dos partes fluya. Si bien este es un planteo muy reciente en cuanto al desarrollo del proyecto, la idea es que podamos trabajarlo para incluirlo en el libro”, concluyó el investigador de la UNR.

Fuente: Rosario12
Por Gonzalo Javier García, integrante de la Dirección de Comunicación de la Ciencia.