Elecciones presidenciales 2012 en los Estados Unidos

Reproducimos una nota sobre las elecciones presidenciales que se sucedieron esta semana en Estados Unidos. La misma fue escrita por Diego Gantus y Cintia Pinillos, Docentes-Investigadores de la Facultad de Trabajo Social de la UNER y de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR, y fue publicada en «El Diario» de Paraná.

La campaña de Obama que lo llevó a la presidencia en 2008 adquirió un sentido épico que ha estado ausente en los comicios actuales. El príncipe que conmovía y encantaba con el “sí, podemos” a aquellos norteamericanos que no solían participar electoralmente y que encarnaba a la vez las deudas del pasado y la esperanza en el futuro del país, prometiendo el tan ansiado cambio en la economía doméstica y en la política internacional, enfrentó los comicios de 2012 como un presidente que con algunos logros pero también con varias deudas, no logró modificar el estilo de gobierno de forma significativa.

Convivió con el agravamiento del desempleo durante su mandato, que sólo en las últimas semanas alcanzó los niveles previos al inicio de su administración. En paralelo, y tras la derrota en 2008, los republicanos lograron construir un candidato atractivo y poner en movimiento su maquinaria electoral, contribuyendo a definir un panorama equilibrado. Obama y Romney llegaron al tramo final de esta campaña en condiciones de empate técnico en el voto popular. Sin embargo, a primeras horas del miércoles se conocía que la traducción del voto popular de cada estado en cantidad de electores para el Colegio Electoral, aseguraba sobradamente un segundo mandato para el candidato demócrata.

El sistema de elección indirecta del presidente, por medio de un Colegio Electoral (tal era el caso en nuestro país hasta la Reforma Constitucional de 1994), es una particularidad del régimen político de los Estados Unidos. Los ciudadanos no votan de manera directa por candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia, sino que votan por representantes del estado ante un Colegio Electoral, denominados electores. El Colegio está compuesto por 538 electores, y para alcanzar la victoria un candidato debe obtener al menos 270. El partido más votado en cada estado se queda con la totalidad de los electores en juego (a excepción de Maine y Nebraska). Ello permite entender cómo una elección tan pareja en la previa, se decide en una ventaja tan abrumadora a favor del candidato demócrata, que hasta el momento se impone por 303 electores contra 206 (una relación 56% a 38%), cuando restan aún decidirse los 29 electores de Florida.

Azules, colorados, y púrpuras. Una forma habitual de representar la primacía partidaria de demócratas o republicanos en los distintos estados es acudir a los tradicionales colores que identifican a cada uno de los principales partidos: el azul demócrata y el rojo republicano. Las peculiaridades del sistema político de los Estados Unidos han hecho que las elecciones presidenciales se definan en un puñado de estados ni azules ni rojos, sino “púrpuras” (swinging states, o estados “cambiantes”) en los que tiene lugar la verdadera contienda electoral, ya que muchos ciudadanos deciden a qué partido apoyar en las últimas semanas. Tal es el caso de Ohio, Florida, Colorado, Iowa, New Hampshire, y Wisconsin. Adicionalmente, cada elección presenta a cada partido alguna ventana de oportunidad para cambiar la tradicional primacía del partido rival en su favor. Para los demócratas, en esta elección, tal fue el caso de Virginia (desde 1952 a la fecha sólo se impuso un demócrata en 1962, y Obama en 2008). Y Obama la aprovechó. En una decisión muy discutida por propios y ajenos, los republicanos creyeron que podrían torcer la suerte a su favor en Pennsylvania (los republicanos no ganan allí desde 1988). Y la suerte les fue esquiva una vez más.

Lo que hay que señalar entonces es que Obama se impuso a Romney en la gran mayoría de los estados donde el resultado era inicialmente incierto (Ohio, Virginia, Colorado, Nevada, Iowa, New Hampshire, Wisconsin). En Florida (sede del escándalo del año 2000, que le costó a Al Gore y los demócratas el gobierno a manos de Bush hijo), el resultado final arrojaría una victoria de Obama. Por su parte, el candidato republicano sólo se impuso en North Carolina. Entre todos los estados cambiantes, Ohio ha sido históricamente un estado clave (sino “el” estado) para definir el resultado de las elecciones presidenciales. Por caso, ningún presidente republicano fue electo sin haber ganado allí. Por ello, ha concentrado gran parte de la atención de ambos candidatos en la recta final de la campaña.

Voto optativo, participación, y demografía electoral. Los resultados de las elecciones en Estados Unidos tienden a estar influidos también por el porcentaje de la población independiente que asiste a votar. Allí el voto es optativo y demanda que los ciudadanos se registren previamente para poder sufragar. El nivel de participación de la población en condiciones de votar (turnout) es entonces de particular significación. En las elecciones que llevaron a Obama a la presidencia en 2008, la participación electoral de sectores tradicionalmente no movilizados, contribuyó de definir el triunfo. Un aporte simbólico y materialmente importante a esa victoria demócrata lo constituyó el voto joven. De acuerdo con las encuestas de boca de urna (exit polls) publicadas por distintos medios gráficos y sitios especializados, el voto por el candidato demócrata de los ciudadanos comprendidos entre los 18 y los 29 años descendió 6% respecto de los obtenidos en 2008, pero se mantuvo constante entre las mujeres y entre los mayores de 65 años (en los tres segmentos, la diferencia es igualmente importante respecto del candidato republicano). Por el contrario, el voto hispano parece constituirse una vez más en uno de los pilares de la elección demócrata. Según las encuestas, 7 de cada 10 hispanos votaron por Obama (el grupo poblacional de más rápido crecimiento en el país), lo que representó un aumento de casi el 8% respecto de 2008. Y esto no necesariamente porque estén conformes con la gestión de Obama. Sencillamente, la enorme mayoría considera que con Romney estarían peor. Es significativo que durante el primer gobierno de Obama, la deportación de los hispanos indocumentados y/o en conflicto con la ley ha sido realmente masiva. En su defensa, la administración Obama argumenta que sólo ha hecho cumplir la ley vigente, en tanto acusa a los republicanos de haber trabado la discusión de la prometida reforma migratoria en el Congreso. ¿Podrá, como ha manifestado en estos días el ahora reelecto presidente Obama, hacer de la reforma migratoria una prioridad de este segundo mandato? Necesitará de una coalición bipartidista para hacerlo.

Elecciones legislativas, agenda y gobierno dividido. En su discurso de aceptación, Barack Obama señaló las prioridades de su gestión: reducir el desempleo, reducir el déficit fiscal, reformar el código impositivo, la mencionada reforma del sistema inmigratorio, y “liberar” a los Estados Unidos de su dependencia del petróleo extranjero (o aumentar al menos, de forma significativa, la producción en energías alternativas). ¿Qué chances tiene de hacer una diferencia en esas cuestiones tan delicadas durante su segundo mandato? Necesitará sí o sí de una coalición bipartidista en el Congreso para lograrlo.
Cuando asumió en 2008 tenía el control de ambas Cámaras. En 2010, luego de las elecciones de medio término, perdió el control de la Cámara de Representantes (el equivalente a nuestra cámara de Diputados). En estas elecciones 2012, los resultados preliminares arrojan que en el Senado los demócratas mantendrán la mayoría y se ampliaría la mayoría republicana en la Cámara de Representantes. Esto configura un escenario político de gobierno dividido (divided government), que ha sido una configuración frecuente en el sistema presidencialista norteamericano. Este sistema político se ha caracterizado por contar con una fuerte separación de poderes entre el ejecutivo y el legislativo, relación que fue señalada por algunos investigadores como de competencia entre poderes. Son rasgos típicos de este sistema, de acuerdo con el politólogo italiano Giovanni Sartori, la falta de principios ideológicos, partidos débiles e indisciplinados y política centrada en los intereses locales, que han tendido a matizar las diferencias que implica para el presidencialismo la existencia o no de mayorías afines al presidente en el Parlamento. Históricamente, los presidentes norteamericanos han tenido que construir mayorías para los distintos temas de la agenda legislativa. Sin embargo, esta tendencia parece haberse modificado en los últimos dos años del primer gobierno de Obama, donde la mayoría republicana se mantuvo homogénea, bloqueando la posibilidad de negociaciones cruzadas. El interrogante que inaugura este segundo mandato es si estamos ante un nuevo ciclo en las relaciones entre el poder ejecutivo y el Parlamento, en el cual tener o no una mayoría partidaria opositora en la Cámara de Representantes constituirá un obstáculo para la implementación de la agenda de gobierno del presidente.

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