Fábricas recuperadas: Laboratorios de invención social

*Entrevista a Amalia Gracia

Frente a la crisis de 2001 de nuestro país tuvo lugar un fenómeno que motivó nuevos estudios en el campo de la sociología del trabajo: El surgimiento de las fábricas recuperadas.

 ¿Qué implicaron estas experiencias autogestivas para sus trabajadores?, ¿Cómo lograron reorganizarse en esta nueva modalidad de trabajo? ¿Qué retos encontraron en estos últimos años? Son algunos de los interrogantes planteados por la Dra. María Amalia Gracia, egresada de la carrera de Ciencia Política de la UNR, en su tesis de Doctorado en Ciencia Sociales con especialización en sociología (Colegio de México) publicada en el libro “Fábricas de resistencia y recuperación social”, recientemente presentado en nuestra casa de estudios.

En la investigación se estudiaron 36 casos de fábricas y empresas recuperadas en ciudad y provincia de Buenos Aires, agrupadas bajo el denominado “Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas por sus Trabajadores”, escisión del “Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas” que se formó primeramente en el año 2001. Los rubros de las mismas se componen de un abanico diverso que van desde la metalurgia y la metalmecánica a aquellas que brindan servicios de alimentos y de salud.

El interés de la investigación de la Dra. Gracia está puesto en cómo los trabajadores se organizaron para llevar adelante esta acción colectiva: “el conjunto de estos trabajadores lograron gestionar fábricas y empresas prácticamente sin capitales, siendo la invención social que lograron el factor primordial”.

 

“Lo que somos y no somos”

Este estudio de fábricas recuperadas se encuadra en el debate entre las corrientes teóricas conocidas como el cooperativismo y la economía social y/o solidaria; ambas, motivadas por la incapacidad del sistema capitalista de absorber laboralmente a una población cada vez mayor, buscan alternativas a la relación salarial clásica de trabajo.

Según observa Gracia, la mayoría de las experiencias analizadas tienen la particularidad de que sus propios protagonistas se diferencian del cooperativismo, por su pertenencia o no al sistema capitalista, entre otros factores.

“En esa auto diferenciación, estas empresas y fábricas autogestivas, se acercan más a la economía social y/o solidaria, ya que se piensan así mismas como parte de un tercer sector. Pero al vender también la totalidad de sus productos al mercado capitalista al igual que el cooperativismo, las haría más vulnerables”, afirma la investigadora y explica “Si bien con esta modalidad buscan una articulación entre la economía estatal, la economía de mercado y la economía social y solidaria, se hace necesario ver cómo se desarrollan en esa búsqueda, para que no se conviertan en la lógica cooperativista de la cual se diferencian; hay que tener en cuenta que este es un fenómeno que ha cambiado en el tiempo y lo seguirá, porque aún está en disputa y con final abierto ”.

 

Reinventarse para existir

Para la investigadora Amalia Gracia, uno de los puntos claves del surgimiento de este fenómeno y la “invención” que estos trabajadores realizaron y sostienen hasta el día hoy, es el factor identitario del trabajo.

“Se reconocen así mismos en la tradición del movimiento obrero argentino y lo que hacen es “inventar” y “reinventar” el trabajo para salvar una identidad amenazada de muerte, que es la identidad del trabajador” afirma Gracia; “Este tipo de acción colectiva no es una acción que busca abolir la propiedad privada, sino que es una acción que se origina a partir de la violación a un acuerdo social que rompe con esta identidad; es decir, para poder “ser” trabajadores tuvieron que llevar adelante este tipo de luchas defensivas al interior de las fábricas, porque sino no podían seguir siendo quienes son: trabajadores”.

Una vez recuperadas las fábricas se abrieron desafíos en su organización interna, según explica la investigadora: “Hay que considerar que como son “fábricas recuperadas” no hay más patrones, ni gerentes y tampoco capataces; se modifican las figuras de poder que funcionaban hasta entonces y se reemplazan por otras. Esto último no quiere decir que el “poder” desaparezca, no hay grupo humano en el que las relaciones de poder no existan, sino que se transforman y se resignifican generando una serie de tensiones al interior de las mismas”.

Otro eje de análisis son las diferentes formas de autoorganización, la doctora Gracia manifiesta que la reorganización interna de estas fábricas y empresas no sólo modifica el proceso productivo y la relación clásica del empleo; sino que además, se producen nuevos hábitos en sus trabajadores. “Prácticas que eran consideradas de resistencia en el trabajo clásico, como por ejemplo: llego tarde, produzco menos, trabajo menos, cambian radicalmente en el contexto de estas experiencias ya que van en contra del propio trabajador, y se vuelven esenciales para el grupo” y a su vez también: “Desarrollan nuevas competencias para el trabajo que antes no eran explotadas; todo va cambiando a partir del: puedo, yo puedo y yo sé, yo sé y yo puedo, y no me había dado cuenta antes; éstos son elementos sumamente importantes en términos de iniciativas y experiencias, y son realmente políticos porque comprenden un grupo humano capaz de transformar sus condiciones de existencia a pesar de un montón de imposibilidades”.

 

Retos y perspectivas

En toda su investigación, la doctora pone el énfasis en la noción de lo posible que surge de éstas prácticas: “No se trata únicamente de unas pocas experiencias que fueron sólo producto de la crisis, si no todo lo contrario, por ejemplo, en la actualidad en la provincia de Santa fe, se está tratando de recuperar la empresa Naranpol, lo que constituye un repertorio de acción colectiva que se encontraría instalado” y resalta: “se convierte de este modo en un elemento de lucha para los trabajadores estables que están en relación salarial cuando son amenazados con la quita de derechos sociales adquiridos previamente; y también es una posibilidad para las empresas que están en quiebra o que son abandonadas, además, es una experiencia muy importante en términos simbólicos, porque lo que demuestran es que la salida frente al problema del trabajo, tiene que ser colectiva”.

Por último, la Dra. Amalia Gracia hace hincapié en el desafío que este tipo de problemáticas plantean para el ámbito de la investigación y la educación superior: “En nuestros espacios universitarios tenemos que estar muchos más abiertos, y ver como la sociedad va pariendo estas invenciones y brindar los espacios institucionales correspondientes; por ejemplo, en una Facultad de Administración se les enseña a sus estudiantes que una fábrica tiene que ser gerenciada, y estas experiencias están mostrando que hay otros modos”. Por otro lado sostiene: “Es necesario rever conceptos de este tipo, y nuestro papel como investigadores, en ocasiones nos acercamos a estos colectivos de trabajo y pareciera que tenemos una razón y un saber autorizado para los trabajadores, cuando en realidad nosotros tenemos muchas cosas que aprender de ellos; hay que ver cuál es el eje para aportar tanto a estas experiencias como a nuestras disciplinas que en el caso de no hacerlo también están amenazadas de muerte, como la identidad del trabajo”.

 

Para seguir leyendo

• “Fábricas de resistencia y recuperación social” María Amalia Gracia. Disponible en biblioteca.

Repertorios en fábrica: la experiencia de recuperación fabril en Argentina, 2000-2006, Gracia, María Amalia; Cavaliere, Sandra coaut.

 

*María Amalia Gracia es licenciada en Ciencia Política por la Facultad de Ciencia Política y RRII de la UNR, Doctora en Ciencia Sociales con especialización en sociología por el colegio de México, Investigadora en el Colegio de la Frontera Sur en México.

 

Nota realizada por la Dirección de Comunicación de la Ciencia – UNR.