El Congreso 2026 nos encontrará transitando un clima de época marcado por un extendido desencanto respecto a la capacidad de la democracia para ofrecer respuesta a las demandas y necesidades de las sociedades.
Este malestar no es reciente, pero su persistencia ha creado condiciones favorables para experimentos que ofrecen soluciones simplistas a problemas complejos y emplean recursos excepcionales que logran reponer certidumbre a costa de desfigurar la democracia y forzar sus límites institucionales.
Estos experimentos no renuncian a la etiqueta de la democracia –tal como sucedió en el período de entreguerras del siglo pasado-, pero ensayan nuevas formas de gobernar que amenazan convertirla en “otra” cosa, sumergiéndola en una imperceptible “muerte lenta” sobre la que alertó Guillermo O’Donnell tres décadas atrás.
La democracia ha sido y será un campo de disputa, pero hoy enfrenta desafíos que reclaman redoblar los esfuerzos para devolverle legitimidad y credibilidad ante una ciudadanía que le retira su apoyo cuando no ofrece respuesta a sus urgencias.
Este escenario interpela a los actores comprometidos con la vida democrática y su devenir, pero este no es tan solo un desafío práctico, también involucra a quienes aportan desde la reflexión y contribuyen a disponer de una mejor comprensión de las condiciones en las que hoy se mueven las democracias. Esta empresa convoca al amplio campo de las ciencias sociales a diseñar nuevas herramientas teóricas y metodológicas que permitan otra aproximación y resulten acordes a la complejidad y la escala de los problemas que deben gestionar las democracias contemporáneas.
Esta nueva edición del Congreso coincide con dos fechas emblemáticas que nos brindan coordenadas para enmarcar nuestra reflexión: se cumplen 50 años del golpe militar de 1976 que impuso el terror en nuestra sociedad, y 40 años de la aparición de los volúmenes sobre Transiciones desde un gobierno autoritario, un ambicioso trabajo colectivo que inauguró un nuevo modo de abordar el pasaje a la democracia cuando nuestra región se sumaba a la oleada democratizadora iniciada en la década anterior.
Si la primera fecha nos convoca a guardar la memoria histórica frente a ese pasado tenebroso, la segunda nos invita a renovar nuestro compromiso para generar un pensamiento original que contribuya a recrear la confianza en la democracia recuperada.
